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domingo, 26 de outubro de 2014 RSS Ouvidoria Fale com o Ministério

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Reunião sobre o Projeto de Valorização da Cultura Mbyá-Guarani

Realizou-se nos dias 26 e 27 de setembro de 2007, em São Miguel das Missões/RS, a Reunião sobre o Projeto de Valorização da Cultura Mbyá-Guarani, na qual estiveram presentes representantes: da Secretaria de Cultura da Nação Argentina; da Delegação Mbyá-Guarani do Paraguai; da Secretaria de Identidade e Diversidade Cultural e da Secretaria de Políticas Culturais do Ministério da Cultura do Brasil; da Assessoria Internacional do IPHAN; do Departamento de Patrimônio Imaterial/IPHAN; das 21ª, 12ª, 11ª, 10ª, 9ª e 6ª Superintendências Regionais/IPHAN; do Centro Regional para a Salvaguarda de Patrimônio Imaterial para a América Latina (CRESPIAL); das Lideranças Mbyá-Guarani dos estados do Rio Grande do Sul, Santa Catarina, São Paulo, Rio de Janeiro e Espirito Santo; e da equipe da Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS) responsável pela execução do Inventário Nacional de Referências Culturais – INRC Comunidade Mbyá-Guarani em São MIguel Arcanjo. Nesta ocasião, foram consensuadas diretrizes e recomendações para um projeto regional de valorização da cultura Guarani.

Leia na íntegra o documento elaborado nesta reunião.
Diretrizes e Recomendações

Diretrizes e Recomendações (versão em espanhol)

Diretrizes e Recomendações (versão em Mbyá-Guarani)


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II Seminário sobre Sistemas de Informação Cultural do MERCOSUL

O II Seminário sobre Sistemas de Informação Cultural do MERCOSUL foi realizado nos dias 26 e 27 de setembro de 2007, em Buenos Aires, Argentina. Este evento foi co-realizado por Argentina e Venezuela e contou com a participação de representantes da Argentina, Bolívia, Brasil, Chile, Colômbia, Cuba, Ecuador, Paraguai, Peru, Uruguai e Venezuela.

Leia na íntegra a Ata do II Seminário sobre SIC do MERCOSUL (versão espanhol)
II Seminário sobre Sistemas de Informação Cultural do MERCOSUL


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Paraguay asume la Presidencia Pro-Témpore del MERCOSUR Cultural en la XXVII Reunión de Ministros de Cultura

En la ocasión el Ministro de la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay Sr. Ticio Escobar, recibió la Presidencia Pro-Témpore del MERCOSUR Cultural, correspondiente a Paraguay en el primer semestre del 2009.

Participaron del encuentro los países: Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay y Venezuela.

La agenda paraguaya contempla cuatro ejes temáticos a saber: política cultural regional del MERCOSUR, legislación cultural comparada, Bicentenario de las independencias nacionales y la diversidad lingüística de la región, además de la intención de potencializar los encuentros ya determinados en el calendario del MERCOSUR Cultural, tomando los espacios de diálogo para la conformación de códigos regionales comunes en lo que se refiere a la elaboración de políticas culturales

Parte del comunicado firmado por los Presidentes de los estados partes expresa:

“Destacan la importancia del impacto simbólico y económico de la cultura y enfatizan las necesidades de la ampliación de los organismos destinados al sector, a modo de asegurar el éxito de los programas de inclusión social, ofreciendo un mayor acceso a los bienes y servicios culturales de nuestros pueblos, especialmente en el contexto de la actual crisis financiera mundial.

Reafirman, la disposición de efectivizar acciones concretas de integración cultural en el ámbito del MERCOSUR como: la implementación del Sello MERCOSUR Cultural, el proyecto de valorización de los itinerarios culturales de la región y de los gestores culturales e industrias del audiovisual, el aumento de la circulación de informaciones y diálogo con la sociedad, la promoción de la integración de las cadenas productivas de bienes y servicios culturales y la participación acordada de los países de la región en foros internacionales de cultura con énfasis para el tema de la diversidad cultural y especialmente la diversidad lingüística en el marco de las Convenciones de la UNESCO en el campo de la cultura.

Enfatizan la importancia de preservar la memoria y herencia cultural de la región como un instrumento de afianzamiento de las identidades de nuestros pueblos, y en ese sentido, felicitan la iniciativa brasileña de instalar un centro de Formación y Observatorio para la gestión del Patrimonio, en la ciudad de Río de Janeiro, revertido a los países de América del Sur.

Reciben con satisfacción y aprobación del proyecto “Sistemas de Información Cultural del “MERCOSUR-SICSUR” y enfatizan la relevancia de la consolidación de un Observatorio de Políticas Culturales en el ámbito del MERCOSUR”

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DIVERSIDAD CULTURAL Y SABERES TRADICIONALES EN AMÉRICA LATINA: UNA AGENDA DE RESISTENCIA Y CREATIVIDAD

José Jorge de Carvalho

I. EUROCENTRISMO COLONIAL Y DESCALIFICACIÓN DE LOS SABERES TRADICIONALES

Más que nunca, quizás, en toda la historia de América Latina, vivimos un momento de cuestionamiento serio y profundo del modelo cultural eurocéntrico que nos ha caracterizado desde los primeros tiempos de la colonia. Las sociedades coloniales en el Nuevo Mundo fueron formadas bajo el signo de la descalificación radical de todo el saber de los pueblos que dieron origen a nuestro continente. La llamada «conquista» de la América Española (o el llamado «descubrimiento» de la América Portuguesa) consistió en el trabajo negativo de convertir, sin consulta ni escucha, a los miles de pueblos distintos que vivían en esas latitudes en «indios». Ese término genérico y externo fue en seguida asociado a la idea de «salvaje», definido como aquél que vive en la selva y que por vivir fuera del mundo urbano no posee ni cultura ni saber sistematizado o relevante; o entonces la idea de «bárbaro», es decir, aquél que sigue estándares culturales inaceptables, porque no son civilizados. En el caso del salvaje, la descalificación se dió por la infantilización de las personas: se trataba de inculcar en sus mentes los valores y los saberes occidentales para humanizarlos (supuestamente) por primera vez. Ya en el caso del bárbaro, estigma que alcanzó a la mayoría de las poblaciones originarias del Nuevo Mundo (principalmente cuando comenzó a quedar claro para los invasores que aquellos grupos humanos violentados resistirían al proyecto de dominación que les había sido impuesto), la tarea civilizadora pasaba por una doble intervención descalificadora: desautorizar y desarticular los saberes y valores con que se identificaban para enseguida «rehumanizarlos» (a la fuerza, básicamente) por medio de la imposición de los saberes (ni siempre tan sabios!) y los valores occidentales dominantes.

El término «indio» representó, de esta forma, la primera señal de una pérdida o sofocamiento de los referentes simbólicos propios de los grupos humanos con quienes los españoles y portugueses se encontraron al comienzo de la colonización. A menos de 50 años después del inicio de la subyugación de los grupos originarios del continente en el cual vivimos, los colonizadores europeos comenzaron a traer también miles de africanos esclavizados para el trabajo forzado, año tras año, por más de 300 años, llegando a más de 12 millones de personas. Como en el caso de los pueblos originarios, las poblaciones africanas esclavizadas pertenecían a centenas de naciones diferentes que habían vivido por siglos en sus territorios tradicionales en el interior del continente africano. La descalificación de los africanos esclavizados (tanto en su sabiduría como en su humanidad en general) fue, desde el comienzo, más dramática que la de los indígenas, ya que ellos tuvieron muchos menos elementos propios en que apoyarse para comenzar un movimiento mínimo de resistencia contra el horroroso régimen al que fueron sometidos contra su voluntad.

Las historias de la colonización descalificadora y del genocidio físico y simbólico, de un lado; y de la resistencia cultural a las violencias y a la represión, del otro lado; y finalmente, la revalorización de los espacios simbólicos de autonomía propios, fueron seguramente específicos para cada una de las centenas de naciones indígenas. Y todas ellas, a su vez, fueron diferentes de las historias de dominación y resistencia vividas por los esclavos y ex-esclavos africanos en América.

Las naciones indígenas contaban por lo menos con muchos conocimientos útiles para su sobrevivencia frente a una situación de tamaña adversidad, como los detalles de la fauna y de la flora y la familiaridad con el territorio en general, cuya dimensión sagrada intentaron preservar, a pesar de la violencia simbólica propia de la colonización. Sin embargo, los africanos esclavizados tuvieron que rehacer casi enteramente su saber y los códigos culturales de origen, desarrollando dos estrategias básicas que distinguen las tradiciones culturales de la Diáspora afroamericana hasta hoy: la fuga del régimen esclavo, formando las comunidades de cimarrones (modelo que existió simultáneamente en todos los países esclavistas del Nuevo Mundo desde el siglo XVI hasta el siglo XIX); o la sobrevivencia en el interior del régimen esclavista, negociando expresiones simbólicas con los opresores blancos occidentales y, a partir de ahí, recomponiendo y recreando el saber propio que les permitió crear tradiciones culturales que distinguen las comunidades afroamericanas hasta hoy.

El horizonte de justificación moral de la colonización y de la esclavitud fue justamente repetir incesantemente que los indígenas y los negros eran ignorantes, incapaces, incultos, embrutecidos. Peor aún, que desconocían las formas «superiores» de la cultura, que no tenían arte sofisticado, que no habían desarrollado conocimiento científico; que eran supersticiosos en lugar de religiosos y que sus formas de espiritualidad eran inferiores, primitivas, fetichistas, animistas – de ahí la necesidad de su conversión (forzada, claramente) al catolicismo y a la correspondiente represión, que duró siglos, de sus formas tradicionales de religión y de espiritualidad. Las tradiciones chamánicas, las bebidas y las formas propias de acceder a estados alterados y expandidos de consciencia y los complejos rituales indígenas fueron perseguidos por los sacerdotes (persecución que continúa aún hoy, en muchas naciones indígenas). Y en el caso de los afrodescendientes, las religiones de matriz africana también fueron perseguidas y restringidas hasta recientemente, en muchos de nuestros países, en su libertad de manifestarse públicamente en las fiestas, rituales y celebraciones: la intolerancia religiosa frente a los cultos tradicionales, sincréticos o autónomos en relación al catolicismo, ha sido una de las formas más duras de contención y negación de la diversidad cultural en América Latina.

Aún bajo el signo de la resistencia, la recreación y la hibridación cultural constante, nuestras sociedades se consolidaron, hasta muy recientemente, como sociedades enteramente eurocéntricas en el modo como las elites sociales, económicas y políticas proyectaron nuestros Estados. Nuestras instituciones públicas de mayor prestigio, tales como museos, universidades, academias, están marcadas por la afirmación de la cultura occidental y por el rebajamiento y hasta por la censura de las culturas indígenas y africanas. Por otro lado, lo que caracteriza al momento actual, de prácticamente todos los países de América del Sur, es el proceso de retomada del saber artístico y científico propio de nuestros pueblos tradicionales.

Abolida la esclavitud y declaradas las Repúblicas en la mayoría de nuestros países, el estilo colonial de descalificación cultural y simbólica generalizada que se había naturalizado en los tres primeros siglos de la invasión europea de nuestro continente continuó sin mayores cambios hasta casi la mitad del siglo XX. Las comunidades de cimarrones, los campesinos de varios orígenes y conformación étnico-racial, los así llamados pueblos de la selva (ribereños, extrativistas), los gitanos – en fin, todos los grupos que detienen varios tipos de saber y artes tradicionales (o no académicas) fueron «folklorizados» (en un sentido paternalista y condescendiente del término, sin querer criticar el empeño sincero y erudito de muchos investigadores que se definen como folcloristas) según el entendimiento de la cultura erudita. Sus prácticas culturales y su saber tradicional fueron definidos como algo que remetía a nuestro «pasado», que nos reconectaba con nuestras «raíces», pero siempre evaluados como distantes y subalternos con relación a la modernización cultural que se imponía (y aún se impone hasta hoy) como meta para las instituciones oficiales del Estado.

Esos procesos altamente complejos y creativos de recomposición y recreación pueden ser escritos genéricamente por el término de hibridismo cultural. De ahí surgieron las extraordinarias formas sincréticas de expresiones culturales, como las danzas, los géneros musicales, las fiestas, muchas de ellas sincréticas desde el punto de vista religioso, que conforman el universo de las culturas populares.


II. RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS TRADICIONALES E INCLUSIÓN CONSERVADORA DE LAS ELITES

Un primer momento de revalorización de los conocimientos tradicionales de nuestras comunidades se dió por medio de una concientización, de una parte de la elite intelectual blanca dominante, de que esos conocimientos son parte integrante y constitutiva de nuestras naciones. De esta forma, desde el comienzo del siglo XX asistimos a un movimiento constante, aunque minoritario, de «cosecha», «rescate» e incorporación de las tradiciones culturales indígenas, africanas y otras formas híbridas ya tradicionales en los archivos, museos y instituciones de enseñanza e investigación de nuestros países. Este modelo de incorporación de la diversidad cultural del país admitía el símbolo indígena o africano, pero siempre absorbido por el paradigma epistémico occidental. El intelectual blanco eurocéntrico evaluaba la mayor o menor importancia de los conocimientos tradicionales de acuerdo con los parámetros artísticos y científicos occidentales. Enseguida, procedía a incluirlos en el rol de los símbolos culturales que él definía como «nacionales» o meramente «regionales» a partir de esa evaluación, de la cual los artistas populares estaban previamente excluidos. El movimiento modernista en Brasil fue paradigmático de esa absorción selectiva y excluyente. En nombre de una supuesta “antropofagia cultural”, los saberes y artes tradicionales eran documentados, asimilados y hasta reelaborados aisladamente, mientras los creadores y los que detenían esos conocimientos seguían excluídos del proceso de decisión y también del acceso pleno a los bienes y servicios que el Estado concedía a esos intelectuales adictos al canibalismo cultural: sensibles a la diferencia estética cognitiva y simbólica hasta entonces negada, pero al mismo tiempo muy celosos por preservar sus espacios de poder y prestigio. Ese modelo de canibalización cultural unilateral sigue vigente en America Latina hasta los día de hoy.

Este primer modelo de incorporación de la diferencia cultural puede ser caracterizado como un modelo fundamentalmente monológico de conceptualización y promoción de la diversidad cultural. Dada su larga historia, podemos identificarlo aún hoy en muchas políticas de relación con las comunidades tradicionales en las que sus conocimientos son valorizados y erigidos a condición de emblemas o íconos nacionales muy cerca de un tipo de multiculturalismo unilineal, o liberal: la diversidad cultural se presenta por parte del Estado, pero la jerarquía de decisión y la hegemonía epistémica no cambian. Es a partir de la perspectiva ética y estética de la tradición cultural de las elites occidentales que se definen los parámetros para evaluar nuestra diversidad cultural. Así construido, este movimiento termina siempre por configurarse como de vía única, sin darles a las comunidades que detienen los conocimientos tradicionales la oportunidad de probar sus parámetros propios para evaluar los conocimientos occidentales hegemónicos. Inversamente, esos símbolos hegemónicos son diseminados como si fueran “universales”, es decir, como si representaran a todos los habitantes, independiente de sus condiciones sociales, étnicas, raciales o su pertenencia a territorios y a ambientes naturales específicos. Desde el punto de vista conceptual, podemos decir que la diversidad cultural pasa a ser celebrada, pero a un precio de contener y sofocar la diferencia. Por un lado se acepta la pluralidad de las manifestaciones culturales, pero por otro se mantiene la exclusividad de los criterios de evaluación de la eficacia – estética, simbólica, científica – de los elementos que componen esta pluralidad.

III. LA CONVENCIÓN DE LA DIVERSIDAD Y EL DIÁLOGO HORIZONTAL ENTRE ARTES Y SABERES

Una nueva retomada por la afirmación de la diversidad cultural latinoamericana surgió ahora, en Brasil, con la creación de la Secretaría de la Identidad y la Diversidad Cultural y también internacionalmente con la plataforma internacional generada por la Convención de la Diversidad de la UNESCO, en donde, por la primera vez, los que detienen los conocimientos tradicionales comienzan a hacer parte del proceso de decisión en lo que respecta a la reconstrucción del perfil de la diversidad cultural de Brasil. Movimientos análogos, algunos más amplios, otros más restringidos, vienen desarrollándose paralelamente en otros países sudamericanos, como en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela. Como punto de partida, la Convención de la UNESCO reconoce que “la diversidad de expresiones culturales, comprendidas las expresiones culturales tradicionales, es un factor importante que permite a los pueblos y las personas expresar y compartir con otros sus ideas y valores”. Luego en seguida, en el Artículo 4, es presentada la siguiente definición: “La ´diversidad cultural´ se refiere a la multiplicidad de formas en que se expresan las culturas de los grupos y sociedades. Estas expresiones se transmiten dentro y entre los grupos y las sociedades.”

La Convención de la UNESCO va mucho más allá de presentar una definición ecuánime de diversidad cultural. Su texto incluye asimismo un conjunto de principios que debemos incorporar al II Encuentro Suramericano de las Culturas Populares para fundamentar una actitud descolonizadora y pro-activa con relación al nuevo lugar de protagonistas que queremos ubicar a los maestros y maestras de las tradiciones culturales de nuestro continente. El Principio 4, de igual dignidad y respeto de todas las culturas, debe convertirse en una referencia fundamental para todos nosotros:

“La protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales presuponen el reconocimiento de la igual dignidad de todas las culturas y el respeto de ellas, comprendidas las culturas de las personas pertenecientes a minorías y las de los pueblos autóctonos.”

En el momento en que el proceso de incorporación pasa a ser dialógico, el modelo de multiculturalismo conservador da lugar a un paradigma de multiculturalismo crítico, en que los conocimientos tradicionales dejan de ser solo objetos de estudio, o productos artísticos o simbólicos para ser promovidos y pasan a funcionar también como epistemologías alternativas a las epistemologías occidentales.

Hay que aclarar más un punto crucial: solamente afirmar la diversidad cultural (como parece ser la agenda actual de la industria cultural transnacional) no cuestiona necesariamente los exclusivismos, los privilegios y los eurocentrismos arraigados desde hace siglos. Por el contrario, hasta puede fortalecerlos, en la medida en que elementos exóticos son incorporados a la matriz cultural dominante y las elites pueden presentar una imagen interna y externa del país como diverso sin alterar la jerarquía de prestigio y poder fundador de nuestras naciones como cristianas y occidentales. Para construir una diversidad cultural que no sea superficial, es necesario darles voz a los maestros de los conocimientos tradicionales, dividir con ellos, no solo un lugar en el escenario, sino la concepción y la construcción mismas de un escenario donde estemos todos en igualdad de condiciones y libres para expresar lo que queremos y aceptar nuestras diferencias estéticas, simbólicas y espirituales.

Todos esos grupos humanos y esas comunidades originarias, mescladas o reconstruídas, se encuentran ahora en un proceso intenso de retomada de sus conocimientos y valores culturales y sociales tradicionales para afirmarlos frente a la sociedad nacional en igualdad de condiciones con los conocimientos artísticos, científicos y espirituales de origen europeo, dominantes y utilizados para representar a la nación brasileña, tanto en los espacios internos como en los externos. El II Encuentro Suramericano de Culturas Populares se incluye precisamente dentro del espíritu de esa retomada por la dignidad de todo el saber y por la ecuanimidad en la representación cultural. De ahí la razón de haber sido concebido como un encuentro de maestros y maestras de las tradiciones culturales latinoamericanas: será una oportunidad de afirmación de la diversidad cultural en la perspectiva de quienes realizan, con sus saberes, esa misma diversidad.

Ya no se trata más de acercarse a la diversidad cultural como un objeto de estudio o como un espectáculo que solamente entretiene, pero como la expresión de sujetos de cultura, pertenecientes a grupos y comunidades que en su mayoría han sufrido las consecuencias de esa violencia histórica de nuestras elites y que ahora reclaman su lugar de habla y presencia en igualdad de condiciones – estéticas, espirituales, epistemológicas, ambientales, políticas, económicas, sociales, étnicas y raciales.

Coherentes con las nuevas posibilidades de democratización de la producción cultural ahora abiertas y de defensa de los cultores tradicionales hay que defender la idea de diversidad en su dimensión más radical: la diferencia. La diversidad cultural pura y simple puede ser realizada con la yuxtaposición de varias manifestaciones culturales distintas, en que cada una de ellas puede representar una comunidad o grupo humano diverso. En este caso, la diversidad puede ser afirmada e incluída en el rol público y social a expensas de los cultores que la producen, los cuales podrán quedar excluídos del cuadro de diversidad que fue así construído. Por otro lado, afirmar la diferencia significa admitir la presencia del otro, afirmada horizontalmente en toda su radicalidad y dignidad de ser: corporificada, simbolizada y expresa en su lengua propia, irreductible e insustituible.

Realizar hoy la diversidad cultural suramericana significa, entre otras tareas, proveer las condiciones para la afirmación de las diferencias, bellas y dignas, de todos nuestros maestros y maestras de las culturas populares.


Imperialismo Cultural

Quien dice Imperio, dice hegemonía y poder. Hegemonía sobre el modelo cultural que lo sustenta y poder para irradiar impositivamente ese modelo a tantos como lo permitan sus mecanismos de dominio. Son demasiados los casos, a la luz de los tiempos, para comprender que un imperio no es el fruto de la gracia divina, aunque algunos se han revestido de ésta, ni la conquista leal de cara a la prosperidad común, sino la consecuencia de consuetudinarios atropellos de aniquilación y exterminio. Cruz, cañón o mercado financiero, qué más da. A la postre, la salud del imperio se debe a severas estrategias cuya razón sustantiva es la fuerza y la violencia. Sin tales condiciones difícilmente el estamento imperial se sostendría en el tiempo ya que su aliento reside en la sujeción ajena. Su permanencia se debe, justamente, al control que logra establecer con el discurso de “venderse” como la única alternativa posible, como la frontera deseable, en definitiva, como el sueño convertido en lejanísima esperanza digna de ser conquistada. De allí que su oferta permanente sea la de ofrecerse como una promesa de reconocimiento; reconocimiento que, al cabo, se le ven las costuras de la falsa trama: para querer ser como deseas ser, debes parecerte más a lo que te he propuesto que debes ser. En este perverso juego de engaños, no hay imperio que se respete que no pretenda convertirse en un espejo para que el resto de la humanidad se vea forzada a reconocerse. Entonces y para poder comprender el ejercicio imperial, debemos preguntarnos acerca de sus procedimientos  y de sus intrincados mecanismos de persuasión ideológica..

Entendido de esta manera, la concepción imperial opera, al menos, en dos sentidos: uno hacia adentro, que procura moldear a los suyos para que su modelo funcione, y otro hacia afuera el cual se propone arrasar con las diferencias y formas de identidad del otro para que se ajuste al diseño cultural que él mismo ha concebido de acuerdo a sus criterios y así ponerlo a su servicio. Aunque decir criterios es quedarnos cortos en la calificación, deberíamos, más bien y con todo derecho, definir sus propósitos como intereses reales, siendo la cualidad esencial de esos intereses fundamentalmente aquellos de carácter económicos, sobre todo en las formas avanzadas del imperialismo que vivimos en la actualidad. De esta manera, las razones del capital pasan a ser el exclusivo soporte de cualquier modalidad en las relaciones imperiales. Así, todo cuanto esté dentro de los límites de sus intereses será considerado culturalmente de provecho, mientras que aquellas prácticas que se resisten a entrar por su aro predeterminado, serán negadas como  contraproducentes. Basado en estos principios simples pero de gran fortaleza, el modelo imperial se impone socavar todo sustrato que le permite a los otros ser como son, de acuerdo a la sagrada fuente de sus orígenes y a sus propios rasgos históricos. ¿Qué duda cabe?  Los pueblos son  fraguas que se han ido hilvanando con sus legados, consecuencia transparente del tiempo asimilado en sus debates cotidianos y que con el paso del tiempo los mismos han hecho su historia.

Desde esta premisa no existe posibilidad de configuración cultural alguna que no repose en un diálogo vivo con la memoria. Todo el acervo tradicional, que es el que les da legitimidad a los pueblos, impone un esfuerzo frente a las arremetidas que pretenden desdibujarlo a fuerza de alienación y olvido. Entiéndase que eso que se pretende preservar en la memoria colectiva de los pueblos, junto a sus sagradas claves históricas que les confieren sentido, se convierte precisamente en el blanco puntual de los ataques culturales exógenos. Cuando los mecanismos de los modelos culturales se debilitan,  las culturas quedan expuestas y sin armas para asumir cualquier defensa. Por eso, como pensaba Simone Weil, el ejercicio del poder no persigue otro propósito que cosificar al otro, debilitarlo hasta aniquilar la potencialidad humana que le da sentido al ser diferente. Visto así, conservar la dignidad cultural frente a las estrategias imperiales, necesariamente se vuelve una lucha de resistencia. Al considerar las modalidades recientes de dominación a través de las cuales el imperialismo cultural ejerce su poder sobre su amplio margen de influencia, se le impone a los pueblos una imperiosa urgencia: ahondar en la búsqueda de estrategias de preservación, si en efecto queremos hallar un espacio en el orden mundial con dignidad y soberanía, a la vez que honre el perfil ancestral e histórico que nos define.

María Zambrano, la gran pensadora española, manifestó en una ocasión que si se desea conocer a una cultura lo más indicado sería preguntarle en qué cree. Esa creencia supone no sólo las cruciales expectativas en las que cifra su porvenir, sino además y sobre todo, su concepción del hombre y sus relaciones con los múltiples ámbitos que amparan su transitar por la historia. En este particular y desde esta mirada, las actualizaciones de esa creencia se conforman en sello de identidad cultural y garantía de sobrevivencia frente a los múltiples poderes imperiales. De allí la urgencia de crear permanentemente estrategias que nos permitan no sólo el resguardo de las tradiciones, sino también la insistencia en el ejercicio crítico que posibilite la revisión y los reajustes imponderables en el enfrentamiento de patrones culturales ajenos al soporte que nos pertenece. Demás está acotar que esta dialéctica cultural, entre lo propio como reserva espiritual frente a lo extraño como poder avasallante, es un proceso permanente; por eso el imprescindible y obligante compromiso de andar despiertos y con la reflexión por delante, ya que este es el único camino que nos permitirá nuestras reafirmaciones y el talante vital que reivindique nuestras soberanías.

Si deseamos tener rostro debemos mirarnos en nuestras íntimas y profundas aguas conquistadas en el fragor de los siglos. Ese es el reto, ese el alcance de nuestra trascendencia cultural. Torcer el sendero y desvelarnos en los espejos imperiales, es perdernos. En consecuencia, los tiempos que corren reclaman tomarnos con seriedad la defensa de lo que somos, ya que son demasiadas centurias de intervención y de modelos ajenos sobre las espaldas de los pueblos. Así, conservando el compromiso con la dignidad de nuestro rico acervo, estamos obligados por la historia a encarar éticamente nuestros destinos comunes; de allí que debamos profundizar nuestras reflexiones y en consecuencia asumir las acciones que se deriven de las mismas. Sin embargo, para acometer esta necesidad cultural debemos medirnos y ahondar en aspectos cruciales: ¿Cuáles son nuestras reales y sentidas fortalezas culturales frente a los mecanismos avasallantes del imperio? ¿Hacia dónde debemos orientar nuestro empeño con el fin de afianzar las conquistas logradas y allanar el terreno para las que aún reclaman consistencia? ¿De qué manera ajustaremos la relación dialógica entre los signos de la modernidad y los legados tradicionales? ¿Cuál es el destino que deseamos culturalmente para nuestros pueblos? ¿Qué vinculaciones se pueden establecer entre las urgencias culturales y las nuevas formas políticas que se levantan en el continente? Sirvan estas interrogantes, entre otras que tendríamos que plantearnos, para emprender las reflexiones impostergables que nos merecemos, en procura de la construcción de una vida de más alto vuelo para nuestros pueblos.


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Cartografías de las culturas

El lugar desde el cual podemos mirar, describir, interpretar y comprender el mundo, sigue siendo hoy la gran preocupación de muchos.

¿En cuál locus de enunciación se asientan nuestras ideas cuando pensamos en América Latina, sobre todo si la palabra “América”, tiene apenas un poco más de 500 años, menos del 5% del tiempo transcurrido desde la presencia datada del ser humano en nuestro territorio?. Es una palabra nueva que no sólo desplaza a otras más antiguas y propias de sus habitantes originarios (Anáhuac, Abyala-Yala, Pachamama, Juumain Wayuú u otras denominaciones territoriales originarias), sino que vino acompañada de una representación cartográfica la cual incorpora un conjunto de valores, relaciones y jerarquías espaciales, al tiempo que permite la clasificación del territorio y de sus habitantes, en una taxonomía particular que articula unas relaciones del poder, todo ello construido desde el lugar y la mente del conquistador.

Describir, interpretar y representar culturas de aquí y de allá, han sido algunas de las prácticas más constantes en los procesos de dominación de los pueblos del mundo, y a su vez evidentes ejemplos del ejercicio de la colonialidad del conocimiento y del poder. Cartografías imaginarias como el mapa-mundi occidental, impuestas como representaciones positivas del territorio, así como denominaciones inicialmente técnicas de la administración colonialista como tribu y raza, asignadas por siempre a poblaciones periféricas del centro del poder, son sólo algunas de dichas prácticas de dominación colonial. Aún hoy en día, nuestro continente es representado, tanto afuera como aquí, como un lugar prístino, deshabitado, sin sociedades, sin culturas, que clama por ser civilizado.

Han pasado ya más de 500 años, y es útil y necesario pensar sí seguimos anclados en el mismo locus de enunciación, con el cual entramos en la perspectiva eurocentrista.

Cartografías para la dominación, a las cuales se les han ido incorporando otras formas de representación cada vez más sofisticadas, como el teatro, el cine, la literatura, los museos, entre otras, y ya no importa tanto desde cuál punto geográfico se hagan, ya que ellas tienden a compartir un horizonte normativo que las estructura y las corporiza, colonizando de esta forma proyectos de gobiernos, instituciones educativas y culturales, medios de comunicación social, organizaciones y movimientos sociales alrededor del mundo.

Ciertamente, sería también una falsa representación de esta compleja realidad, si la viéramos como un horizonte homogéneo, sin matices, sin estructuras locales que combinan formas de representación de aquí y de allá, o sin espacios posibles para la formulación de ejercicios de representación alternativos, subalternos, de resistencia, de liberación y pluriversales. Hacia esto último van nuestras acciones.

Desde una geo-política del conocimiento y de la vida cultural de nuestros pueblos, encontramos de gran importancia la discusión sobre cómo se concibe y se vive el territorio que habitamos. Identidades locales, identidades regionales, áreas culturales, bordes y fronteras culturales en todo el continente dan cuenta de la compleja dinámica social de nuestros pueblos en relación con su espacio geográfico.

Se trata de una pluralidad cultural existente en las distintas áreas de nuestra región caribeña y latinoamericana, que como sabemos desborda las categorías de “estado” y “región” entendidas como unidades “político-administrativas”, y sobre las cuales han venido predominando visiones homogeneizantes, que ven en cada una ellas a culturas estereotipadas y reducidas a través de una danza folklórica, una artesanía o un menú gastronómico.

En estos momentos, cuando con más fuerza los países de la región damos pasos firmes hacia la integración suramericana, creemos necesario afrontar el reto de construir una nueva cartografía de nuestras culturas, que en el marco de un conjunto de otras acciones de auto-representación, nos permita visualizar con más profundidad y con más cercanía el entramado de acciones permanentes de la vida social de nuestros pueblos, en su diaria permanencia y tránsito por las tierras del continente.

¿Qué tipo de integración suramericana construiríamos si partimos de una cartografía de la dominación colonial?

¿Cuáles pasos podríamos comenzar a dar para construir una nueva cartografía de nuestras culturas?

¿Qué sujetos de conocimiento, quiénes deberían ser protagonistas en este nuevo ejercicio de representación cartográfica?

¿Es posible una cartografía de nuestras culturas vista como producto final, o por el contrario se trataría más bien de un proceso continuo, con productos parciales, que como un ser vivo, periódicamente muestra signos de vitalidad, de transformación y de tensiones?

¿Qué instancia operativa podríamos formular que nos permita a todas y todos poder contribuir con esta iniciativa, de forma equitativa, horizontal, democrática y participativa?

¿Qué forma física posible podría tener esta cartografía? ¿Se trata de un mapa, de una esfera, de un sistema de esferas, de un tejido, una holografía, un panal de abejas….?

Véase también: ‘Imperialismo Cultural’, por Carlos Brito


Cartaz do II Encontro Sul Americano das Culturas Populares

Cartaz do II ESACP


I Encuentro Internacional de Escultores Coronel Oviedo 2008

Entre el 28 de julio y el 3 de agosto, se llevó a cabo en la ciudad de Coronel Oviedo, el primer Encuentro Internacional de Escultura, en homenaje al escultor paraguayo Hermann Guggiari y en conmemoración de los 250 años de fundación de la ex Ciudad de Ajos; constituyéndose durante esos días en la capital de la escultura en el Paraguay.

El evento congregó a 15 artistas de Alemania, Bulgaria, Canadá, EE.UU., Polonia y Paraguay: Stefan Ester (Alemania), Liliya Pobornikova (Bulgaria), Domenico Antonio di Guglielmo (Canadá), Amalia Elmasri (Estados Unidos), Pawel Chlebek (Polonia), Patricia Ayala, Juan Pablo Pistilli, Jorge Trigo, Ulises Riveiro, Justo Patricio “Pete” Guggiari Banks, Gustavo Beckelmann, Sergio Buzó, Gerardo Farías, Malola y Maquena Echauri se ubicaron a un costado de la Plaza de los Héroes de Coronel Oviedo para producir sus creaciones en madera, hierro, cerámica y piedra, cuyo eje temático tuvo al agua como premisa.

De allí que los títulos de las obras que formarán parte del patrimonio cultural de la ciudad, lleven por nombre “Agua”, “Water”, “Neptuno”, “El agua es vida”, “Buscando la aguada”, “Big fish eat small fish”, “Vida”, “Agua de la vida”, “Ykua canilla”, “Encuentro”, “Ykua”, “Raudales”, “Remolinos y remansos en el medio de una naciente”, “Panambi peporã”, “Momentos… espacios… fragmentos”, “Gran pez”, respectivamente. Los miembros de la comunidad mbya guaraní de la Asociación Mborayhu Porã, bajo la supervisión de Sara Benítez, realizaron también durante estos días el tallado en maderas nobles de nuestros bosques, figuras en gran formato de un pez, un armadillo y un gigantesco mono.

Como apuntó el impulsor de esta iniciativa, el ministro de Cultura Bruno Francisco Barrios Sosa, pese a las adversas condiciones climáticas con lluvias torrenciales, los artistas lograron completar su obra, despertando un inusitado interés en la comunidad. Igualmente los artistas comentaron el espíritu de compañerismo que se forjó durante estas jornadas y que los problemas en el campo cultural alcanzan también a otras sociedades.

En la noche del viernes 1 de agosto, en el Complejo García para Eventos, se llevó a cabo un acto de entrega de certificados y de merecido homenaje a Hermann Guggiari, quien viajó especialmente desde Asunción portando como donación un busto del ex presidente José P. Guggiari. En el amplio local cerrado estaban expuestas obras artesanales de diferentes estilos y en el escenario desfilaron grupos tan variados como elencos de danzas, músicos entre quienes estaban Martín González y Rolando Chaparro con su grupo.

Un momento de especial significación fue cuando más de 40 hombres y mujeres llegaron desde su comunidad, para ofrecer su danza “Tangarã”, luego “Mbaea’a (Plegaria de esfuerzo)” donde la gente se sumó a los movimientos de los bailarines, para luego escuchar las melodías “Kerechure mdavy’ai”, “Yvuraiya”, “Toke ne memby”, al son de instrumentos confeccionados por los propios Mbya Guaraní.

El encuentro de escultores fue posible gracias a la colaboración conjunta de la Secretaría Nacional de Cultura con el apoyo del Fondo Nacional de Cultura y las Artes, además de la Municipalidad de Coronel Oviedo, cuyo intendente, Jorge Aníbal Morales Benítez, rememoró al hablar de Guggiari, cómo su padre, siendo gobernador de Boquerón, posibilitó que el escultor hiciera la obra en homenaje a los héroes del Chaco en el Fortín Boquerón hace dos décadas.


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II Encuentro Suramericano de las Culturas Populares

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II  Encuentro Suramericano de las Culturas Populares

Revelando Experiencias, Manifestaciones y Políticas

26 - 29  noviembre 2008

Caracas, Venezuela

 

 

PREAMBULO

Yo deseo más que otro alguno  ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y su gloria”.

Simón Bolívar.  Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815

I.- Antecedentes Generales de la Integración de Suramérica

El Encuentro de las Culturas Populares como evento de integración de largo alcance, surge en Brasil en el año 2006, después de la consolidación y aglutinamiento de ideas y reflexiones de algunos eventos efectuados tanto en territorio brasileño y otras latitudes del continente, que tenían como norte la búsqueda de la integración a través de elementos de la variada diversidad de las culturas de América Latina y el Caribe.

 

La idea de la unidad latinoamericana, ya planteada por precursores como Francisco de Miranda, quien pensó en “Colombia” como una gran nación latinoamericana independiente, fue retomada con convicción por  Simón Bolívar, quien impulsó la creación en 1819 de la Gran Colombia y mantuvo por años su unión política y económica, dejando la estela de lo posible pero también  las advertencias de los obstáculos que se podrían encontrar en el camino de la Integración. Suramérica cuenta con la historia común (y casi simultánea en tiempos históricos) del desarrollo de diversas culturas aborígenes, del episodio de la conquista y dominación colonial europea con sus valores, organización, lengua y religión, además de la obligada presencia africana como mano de obra esclava y su incorporación, con todo su bagaje ancestral en la constitución del hombre americano, de las guerras de independencia, del surgimiento de los Estados; de los conflictos generados por esos procesos y su consolidación como países soberanos con una amplia e incesante vinculación política y cooperación económica.

Los espacios de intercambio compartidos en la actualidad en los más variados ámbitos y las semejanzas de una geografía extensa y rica en recursos energéticos renovables y no renovables, una gran biodiversidad y una homogeneidad considerable de lenguas, se traducen actualmente en la conformación de un espacio multiétnico, multicultural y plurilingüe que continúa en la construcción de una identidad propia desde el reconocimiento de la diversidad.

 

Tras la independencia de todos los países de Hispanoamérica y Brasil, y del tránsito de estos por un período de fortalecimiento como nación y de evolución institucional hasta principios del siglo XX, los efectos del neocolonialismo, las iniciativas de los movimientos sociales y la sociedad civil, los niveles de competitividad y el funcionamiento del comercio mundial entre otros factores, crean en los países de América del Sur la necesidad de confluir en políticas comunes para el mejoramiento de su circunstancia económica, política y social en la segunda mitad del siglo XX.

Con ejemplos como la Comunidad Económica Europea (actual Unión Europea), la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio  (después ALADI) entre otros, en mayo de 1969 con la suscripción del  Acuerdo de Cartagena se inicia el camino de la integración en los países andinos a partir de la constitución del Pacto Andino, actualmente Comunidad Andina, que persigue un desarrollo integral, más equilibrado y autónomo en la región, de la cual surge el Convenio Andrés Bello como organismo que promueve el proceso de integración cultural, educativa y tecnológica en la región andina. En  1991, el Tratado de Asunción marca la oficialización de un esfuerzo vital de integración entre Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay con la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur), alianza política y económica de singular importancia en el ámbito latinoamericano y mundial, que se ha consolidado progresivamente con la adhesión de otros países en diferentes modalidades.

 

La creación en 2004 de la Comunidad Suramericana de Naciones, luego transformada en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), orienta el esfuerzo integrador en un espacio suramericano de mayor encuentro a partir de los avances la Comunidad Andina, el Mercosur y la experiencia de Chile, Guyana y Suriname. Esta iniciativa, en pleno proceso de construcción, desarrollo y ajuste, intenta consolidar una posición política de nuestros países como actores de peso en el concierto mundial y confirma la tendencia de la integración como bandera común, aún con materias por resolver.

El I Encuentro Suramericano de Culturas Populares, iniciativa pionera adelantada por la Secretaría  de Identidad y de Diversidad Cultural del Ministerio de Cultura del Brasil, marcó un hito en la creación de un espacio de encuentro vital entre los exponentes de las tradiciones culturales populares y los pueblos suramericanos, para respaldar la labor del Mercosur Cultural en la reflexión sobre el patrimonio cultural inmaterial desde la voz de sus protagonistas, de sus propias expresiones artísticas tradicionales, a partir de otras iniciativas de los países de la región.

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II.- Caracas, sede del II Encuentro Suramericano de las Culturas Populares

El Centro de la Diversidad Cultural, Fundación adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Cultura en la República Bolivariana de Venezuela, ha recibido con gran interés la propuesta del Ministerio de la Cultura de la República Federal del Brasil para organizar el II Encuentro Suramericano de Culturas Populares (II ESACP), luego de una exitosa primera edición, celebrada en Brasilia en el año 2006.

 

Asumir el desarrollo del  evento, es un reto y una gran responsabilidad para Venezuela, al entenderlo como una acción estratégica geopolítica para la integración regional, con la referencia de la diversidad de sus naciones, en las cuales la cultura y  en especial, las culturas populares, juegan un papel significativo, al ser, junto con otra serie de atributos históricos, geográficos, políticos y económicos, las que le otorgan un sentido de particularidad e identidad  a nuestros estados nacionales.

Se considera que el espíritu y los objetivos del Encuentro se relacionan y son coherentes con gran parte de los elementos constitutivos de la política estratégica de Venezuela, brindando la oportunidad de exponer en el escenario de la América del Sur nuestras ideas, tradiciones, convicciones, políticas, con la posibilidad de compartirlos, debatirlos y retroalimentarnos, en un mayor conocimiento de nuestros pueblos desde el enfoque de las culturas populares.

  • Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.

El reconocimiento y el respeto a los pueblos originarios y a la interculturalidad bajo el principio de la igualdad de las culturas, al reconocimiento de la memoria histórica de la nación y el impulso a la integración latinoamericana, entre otros, son valores y tareas resaltantes en el preámbulo y articulado de la Constitución Bolivariana de Venezuela. El país, a través de su institucionalidad cultural, da cumplimiento a estos y otros objetivos.

  • Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007 -2013

La integración latinoamericana y caribeña ha sido una de las líneas esenciales  trazadas en el Plan de Desarrollo Económico y Social (2001 – 2007) de la República Bolivariana de Venezuela. Una de las directrices establecidas en el Proyecto Nacional Simón Bolívar, Desarrollo Social y Político de la Nación (2007 -2013), para ampliar las relaciones internacionales con un criterio solidario, es La Nueva Etapa de la Geopolítica Mundial que supone el afianzamiento de los intereses políticos comunes entre los países y la profundización del intercambio cultural, educativo, científico y comunicacional.

 

En cuanto a las áreas de interés geoestratégico, América Latina y el Caribe resulta como la primera región de importancia, otorgando especial significado a la construcción del nuevo Mercosur hacia la conformación de la Comunidad Suramericana de Naciones (ahora UNASUR).

  • Convención de la UNESCO para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales

En Venezuela, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a partir de su  creación en año 2005 formula políticas  de inclusión, de igualdad y de diálogo intercultural a través de programas y proyectos destinados a cumplir con el mandato constitucional, en atención a las culturas históricamente abandonadas y subyugadas a la concepción eurocentrista imperante.

Desde el año 2003 cuando se plantea el anteproyecto de la Convención, Venezuela acompañó el proceso de estudio a través de las Reuniones de expertos gubernamentales relativas al anteproyecto de Convención sobre la protección de la diversidad de los contenidos culturales y las expresiones artísticas, y de su participación en otras jornadas preparatorias que condujeron a la presentación y aprobación en octubre de 2005 de un texto de Convención que incluye objetivos, principios, definiciones, derechos y obligaciones,  y que fue ratificado por Venezuela según Ley Aprobatoria de fecha 5 de octubre de 2006. Desde su creación en el año 2005, el Centro de la Diversidad de Venezuela ha sido  el brazo ejecutor de las políticas relacionadas con el fomento, promoción, preservación y difusión de las expresiones de las culturas populares y sus portadores. La citada Fundación se afianza en el valioso acervo cartográfico de Venezuela, América Latina y el Caribe, producto de investigaciones y registros efectuados en el siglo XX por las instituciones que precedieron al Centro, cuyos objetos y soportes (143.162 materiales audiovisuales, 9.250 piezas etnográficas y más de 12.000 títulos bibliográficos) se encuentran conservados en las instalaciones del Centro.

 

En el transcurso de los dos últimos años se ha desarrollado una vasta programación donde los protagonistas son los cultores, los grupos artísticos de tradición, las manifestaciones y expresiones propias de los pueblos y regiones que componen la geografía nacional; así mismo,  se ha promovido un espacio de reflexión permanente en las 24 entidades en torno al tema de la diversidad cultural y de las culturas populares y tradicionales. En el año de 2006, se efectuaron 1626 actividades y en el año 2007 un total de 1320, en ambas los hacedores y hacedoras fueron los grandes protagonistas.

 

¿Qué se aspira?

  • Fomentar el desarrollo de un discurso del diálogo intercultural sobre la base del intercambio en igualdad de condiciones.
  • Contribuir  a consolidar un espacio de diálogo permanente de maestros y cultores  exponentes de las culturas populares de Suramérica.
  • Fortalecer la lucha de los maestros, cultores, y hacedores para el logro  de la igualdad del trato y de la inversión en las culturas populares de los países de la América del Sur.
  • Consolidar un bloque Cultural del Sur para minimizar los efectos nocivos de la globalización.
  • Estimular a los artistas, creadores e intelectuales  a continuar la lucha por la organización, fomento y preservación de las Culturas Populares.
  • Potenciar las relaciones amistosas y de cooperación entre las países de América del Sur.
  • Contribuir a la creación de una red de cultores y maestros de Suramérica.
  • Estimular las edición de documentos  sobre contenidos generados en el Encuentro.
  • Proponer líneas de acción para la integración en el ámbito de las Culturas Populares a través de la Carta de las Culturas Populares.
  • Propiciar la creación de un banco de datos de las experiencias exitosas referidas a la promoción y desarrollo de las culturas populares suramericanas. 

 

ESCENARIOS CONCEPTUALES

El papel  histórico que  le ha correspondido asumir a las culturas populares en nuestras naciones,  nos permite afirmar que en el mundo globalizado de hoy, estas constituyen una barrera a la homogeneización, fenómeno que expresa la fase más agresiva del capitalismo. Entendemos las culturas populares como expresiones de la creación y el arte de los pueblos que se fundamentan obras, símbolos y significados de raíz tradicional “…en cuanto expresión de su identidad cultural y social, las normas y los valores se transmiten oralmente…” y “…sus formas comprenden entre otras, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, la artesanía, la arquitectura y otras artes” (Definición de la cultura  tradicional y popular UNESCO, 1989)

El valor  y significado de las culturas populares que confluyen en nuestros estados nacionales le imprimen sentido intrínseco a la cultura  y /o  identidad nacional. En este sentido, el espacio geográfico  que  denominamos Suramérica, se define como una unidad geopolítica, caracterizada desde una visión simbólica de totalidad, y no como la suma de las partes. La visión de totalidad, se convierte en un discurso contrahegemónico en oposición a la concepción eurocentrista y occidentalizadora que se manifiesta por varías vías.

 

Nos corresponde a los suramericanos y suramericanas consolidar la integración del Sur y construir o revelar nuestros referentes simbólicos desde el ámbito de la cultura, que permitan socavar y debilitar los efectos de la globalización en las otras esferas donde el alcance ha sido más palpable, a saber, en lo económico, político, comunicacional y en la red de telemática. Es necesario entonces, consolidar el circuito suramericano  focalizado en este encuentro por medio de las Culturas Populares y sus máximos exponentes: los maestros.

 

La efectiva integración  de los países del Sur debe ser una alternativa que se oponga a la concepción unipolar impulsada por los países hegemónicos. El MERCOSUR  como órgano y espacio  que  coloca la cultura en un nivel relevante para la unión, la solidaridad y la cooperación mutua, podría fomentar una visión de  ”Plusvalía Cultural”, concebida esta como una noción que le imprime un valor sustancial a la cultura en el establecimiento de vínculos, conexiones  e intercambios en igualdad de condiciones. El valor de la cultura en este aspecto, viene dado desde el plano simbólico y no necesariamente desde lo  mercantil.

 

Los maestros: protagonistas de la reflexión.

El II Encuentro de las Culturas Populares: “Revelando  Experiencias, Manifestaciones y Políticas”, le imprimirá un valor sustancial a la voz y las expresiones de los maestros, hacedores y cultores de las distintas regiones de Suramérica, quienes a través de su trabajo cotidiano mantienen vivas las tradiciones y expresiones de las culturas populares.

 

Este Encuentro, presenta como estrategia primaria y central la puesta en escena del papel dinamizador de los exponentes de las tradiciones suramericanas, dando cabida a experiencias y manifestaciones que aluden y dan cuenta de las particularidades  propias de los grupos o comunidades indígenas, de los afroamericanos y de los de raíz prominentemente ibérica

 

Las intervenciones y disertaciones de los expertos, permitirán complementar las experiencias, vivencias y expresiones en la voz, en el sentido y  la fuerza  que le imprimen  los hacedores, construyendo así un espacio donde se establezca el diálogo de saberes en  igualdad de condiciones. Desde esta perspectiva, el idioma, las lenguas y los dialectos rompen las barreras comunicacionales. Los significados, los símbolos y el tono de la cultura orientarán el discurso y la puesta en escena de la tradición, a través de la sensibilidad y del esfuerzo por  entender al otro para decodificar la esencia de los mensajes.

 

Dar la palabra al gesto creador y el escenario a los maestros del arte y las expresiones de las culturas populares de Suramérica, reafirma que el modelo ideológico en el que se fundamenta el intercambio entre los pueblos, se configura a partir del diálogo fraterno, basado en el respeto a las libertades de pensamiento y del hacer, para potenciar los valores de la amistad, la  confianza, la solidaridad y  la cooperación.

 

OBJETIVOS DEL ENCUENTRO

Objetivo General: Fortalecer la integración suramericana mediante el diálogo de saberes de exponentes de las culturas populares y tradicionales

Objetivos Específicos:

  1. Construir un espacio permanente de diálogo intercultural, que fortalezca la integración de Suramérica.
  2. Ampliar y diversificar las relaciones culturales sobre la reflexión de hechos históricos compartidos y la comprensión de las expresiones diversas de las culturas populares, promoviendo acciones que permitan posicionar en la región una visión integradora de Suramérica.
  3. Establecer alianzas estratégicas que permitan mantener y asumir encuentros similares, para afianzar la integración y la cooperación de los pueblos Suramericanos.

ORGANIZACIÓN DEL ENCUENTRO

Siguiendo la esencia, metodología y orientaciones generales del primer encuentro efectuado en  Brasilia,  en esta oportunidad, las distintas actividades se formulan en torno a cinco  perspectivas:

  1. Foro: Las culturas Populares, vía de la integración Suramericana.
    Espacio concebido para que especialistas de los diez países participantes expongan y valoren ante el público el tema de la integración latinoamericana, situándose desde la mirada de las culturas populares y con las especificidades de los enfoques promovidos por instituciones públicas y privadas, intelectuales y portadores de cada uno de los países, propiciando una discusión abierta al público. En Suramérica se realiza un esfuerzo sostenido en diversos ámbitos y países para que las políticas públicas culturales y las expresiones tradicionales tengan una repercusión en las propuestas integracionistas, para que estas se traduzcan en acciones paralelas y conjuntas que generen una dinámica de intercambio e impulso de las culturas y la visión compartida de unidad.
  2. Panel de Especialistas: Experiencias y políticas para la preservación y promoción de las culturas populares. El tema formulado persigue dar a conocer los planes, programas y proyectos que se han gestado en cada país desde las instancias gubernamentales, además de experiencias de trabajo de la sociedad organizada, que contribuyan a la preservación y promoción de las culturas populares. Esta estrategia  tiene como propósito presentar una amplia información y diferentes puntos de vista sobre el tema a partir de una disertación central que presentarán los especialistas y será alimentada con las preguntas,  ideas y experiencias  que aporte el público en sus acotaciones.
  3. Voz de los Maestros: Encuentro de saberes. Encuentro de saberes ancestrales, encuentro de sabiduría milenaria, encuentro de sensibilidades, encuentro de ciudadanía, encuentro de dimensiones simbólicas, encuentro entre culturas. La voz de los maestros, es la voz de los portadores del arte tradicional, de los creadores de las distintas latitudes de Suramérica que tienen en este Encuentro un espacio para dialogar, intercambiar y exponer sus experiencias, conocimientos y propuestas para las culturas populares. A los maestros de Suramérica les corresponde tomar la palabra. “Nadie puede hablar en lugar de los maestros: ni el gobierno, ni la sociedad civil ni la academia”
  4. Espejo de las Artes. Reconociéndonos  en el Diálogo, el Saber y el Hacer. Contrastarnos unos a otros sobre la base del autoreconocimiento de los atributos compartidos, ya sea de la manifestación de la cultura material o inmaterial, constituye un ejercicio de soberanía cultural. Tenemos tradiciones análogas que permiten intercambios simbólicos, pero también, somos diversos, diferentes, desiguales y existen tensiones, conflictos y negociaciones. La identidad suramericana, se construye y reconstruye sobre la base de estas ambivalencias. La estrategia representada en el Espejo de las Artes de autoreconocimiento  y de reafirmación de identidades, se posa sobre los elementos y evidencias consideradas como semejantes y/o análogas para recrear a través de un ejercicio escénico explicativo, las bases y fundamentos  estéticos y simbólicos de las manifestaciones y expresiones de las culturas populares.
  5. Presentaciones Artísticas. Para ampliar el intercambio, promoción, disfrute y  aprecio de las ricas  expresiones de las culturas populares de nuestros países se ofrecerán representaciones de raíz tradicional de cada país en una muestra artística abierta al público. Las interpretaciones permitirán apreciar la variedad de instrumentos musicales, vestimentas, danzas, ritmos, cantos, de cada región, así como los elementos culturales compartidos.
  6. Carta de las Culturas Populares. Producto de la reflexión, exposiciones de experiencias, diálogos e intercambios que se establecerán durante los cuatro días del Encuentro, se organizará la información para las discusiones en la sesión plenaria, y a partir de los acuerdos, construir la Carta de las Culturas Populares  de Caracas, como una  propuesta de alianzas y de intercambio entre las instituciones del Estado, los cultores y la sociedad organizada, que evidencie las líneas fundamentales del proceso de integración del Sur desde de las Culturas Populares y sus protagonistas.

 

 

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Resultado da XXVI Reunião de Ministros da Cultura do Mercosul

Resultado da XXVI Reunião de Ministros da Cultura do Mercosul

Juca Ferreira fala sobre a Presidência Pro-Tempore do Mercosul Cultural

O ministro da Cultura interino, Juca Ferreira, recebeu do secretário Nacional de Cultura da Argentina, José Num, a Presidência Pro-Tempore do Mercosul Cultural. Foi um ato simbólico realizado nesta quinta-feira, dia 12 de junho, em Buenos Aires, por ocasião do encerramento da XXVI Reunião de Ministros da Cultura do Mercosul.

“Ao assumir as funções, o Ministério da Cultura brasileiro é convocado a refletir sobre essa parceria continental e agregar mais alguns tijolos a nossa construção coletiva”, enfatizou Juca Ferreira. “Vejo que os acordos e pactuações feitos aqui pelos nossos governos são aos poucos absorvidos pela dinâmica interna de nossos países e orientam expectativas comuns de desenvolvimento regional, fazendo com que medidas multilaterais impactem o cotidiano de nossas populações.”

O ministro da Cultura interino ressaltou, ainda, a construção da Televisão Pública e do espaço de audiência comum como algo vital para a integração dos países do bloco. “Vejo a produção de conteúdos do Mercosul como questão decisiva para que afirmemos a autonomia de nossos territórios. O espaço virtual desses veículos de comunicação é o dispositivo que materializa o ambiente sul-americano, mas isso só ocorrerá se nos associarmos cooperativamente para reinventar diariamente nossa cultura comum. Creio que o que foi feito até aqui, através do DOC TV, nos aponta caminhos para seguirmos nessa direção.”

Leia o pronunciamento na íntegra.

Reunião de Ministros da Cultura

No encontro, foram destaques a assinatura da Declaração de Integração Cultural do Mercosul; a criação do Comitê das Artes do Mercosul (ArteSul); a aprovação da proposta do Site do Mercosul Cultural; e a previsão de realização do encontro Sulamericano de Culturas Populares, em Caracas, a ser coordenado pela Venezuela e Brasil; e o encontro dos Povos Guaranis.

O diretor de Relações Internacionais do MinC, Marcelo Coutinho, afirmou que a reunião dos Ministros da Cultura marcou um novo momento no Mercosul Cultural. “Passamos para uma etapa de institucionalização, com a proposta brasileira de criação de uma Secretaria Técnica Permanente, além da implantação de projetos de integração cultural, tais como o Selo Cultural e os Itinerários Culturais.”

Presidência Pro-Temporeexercida por rotação dos Estados Partes, e em ordem alfabética, por períodos de seis meses. Dentre outras funções, cabe ao país que ocupa a Presidência Pro-Tempore determinar, em coordenação com as demais delegações, a agenda dos encontros e organizar as Reuniões dos órgãos do Mercosul.


Cultura e Educação

No dia 13 de junho, o ministro interino Juca Ferreira proferiu palestra no painel Identidades e Integração no IV Fórum de Educação do Mercosul, realizado no Ministério de Educação da Argentina, e que promoveu o início do diálogo entre Cultura e Educação no âmbito do Mercosul Cultural.

Durante o Fórum – que foi uma oportunidade para identificar e refletir sobre os desafios atuais da região e propor medidas para reforçar a cidadania -, foram apresentadas ações desenvolvidas por países do bloco e experiências bem-sucedidas.


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